El tenedor de plata chocó contra el plato de porcelana con un sonido agudo. Álvaro dejó caer la mano sobre el mantel blanco. Su otra mano se cerró en un puño sobre el esternón, aplastando la tela de la camisa. Los nudillos se le pusieron blancos. No dijo nada. Apretó los dientes. Esperó a que el pinchazo pasara.
No pasó.
Laura dejó la copa de vino sobre la mesa. El líquido rojo se balanceó, reflejando la luz cálida de las velas del Rosewood. Observó la palidez que le subía por el cuello a Álvar