La caja llegó el miércoles.
Grande, alargada, igual que la anterior, con el mismo tipo de embalaje cuidadoso que Santi usaba siempre que mandaba algo que le importaba, con la diferencia de que esta vez Santi no la mandó: la trajo él mismo, en la furgoneta que alquiló en Lisboa para el viaje, con Valentina en la silla del copiloto porque Nora tenía una reunión que no podía aplazar y alguien tenía que viajar con la niña.
—Podías haberla dejado con los vecinos —dijo Álvaro, ayudándole a bajar la c