La carta estaba en el bolso al día siguiente.
Laura la dejó ahí hasta después del desayuno, hasta que Don Raúl se fue al mercado con Valentina y los niños estaban con Álvaro para la primera semana de octubre que les correspondía a él, y el piso de Chamberí quedó en ese silencio específico de los domingos en que uno puede pensar sin que nadie interrumpa el pensamiento.
La sacó.
La releyó.
Una sola línea con la letra de Carmen, apretada y precisa como todo lo de Carmen.
Pregúntale a Álvaro quién