Santi la deja esa mañana, con la maleta pequeña y el peluche que no suelta desde los tres años.
—Solo es una noche —dice, agachándose a la altura de Valentina en el rellano—. Mañana te recojo yo mismo.
—¿Por qué no te quedas tú también?
—Porque tengo trabajo en Lisboa, y porque a la abuela y al abuelo les toca tenerte solo para ellos de vez en cuando. Es la regla.
—¿Quién hizo esa regla?
—Yo. Ahora mismo. —Santi le da un beso en la frente y se levanta, ya con la mirada puesta en Laura—. Vio el