El cuaderno nuevo estaba completamente en blanco.
Era distinto al que Laura había usado para escribir sus memorias: más pequeño, de tapa azul oscura, comprado específicamente para este proyecto que llevaba semanas dándole vueltas en la cabeza sin atreverse a empezarlo del todo.
Se sentó al escritorio, con la luz de la mañana entrando suave por la ventana del despacho.
Cogió el bolígrafo.
Escribió la primera línea: Marta no sabía, al despertar esa mañana, que iba a tomar la decisión que cambiarí