Bruno tenía la información para el jueves.
Laura aterrizó en Madrid a las seis de la mañana y fue directamente al despacho de Bruno sin pasar por casa. Llegó con la maleta, el dossier de Watanabe y el número de teléfono que Bruno había estado rastreando durante los dos días que Laura había pasado en Tokio viendo planos y comiendo ramen y pensando en una sola cosa.
Bruno la esperaba con café y la expresión que ponía cuando las noticias eran complejas y no podían resumirse en buenas o malas sino