El avión a Buenos Aires salió un lunes a las once de la mañana del aeropuerto de Barajas.
Valentina llevaba el abrigo verde.
No el de invierno, el más grueso, el que usaba cuando hacía frío de verdad en Madrid. El otro: el de lana verde esmeralda que había comprado en el mercado de la Cebada hace años y que llevaba a los sitios que le importaban con la constancia de quien ha decidido que determinadas prendas merecen determinadas ocasiones y que no hace falta explicar el criterio.
Laura la vio m