Capítulo 171 —Sentencia
Narrador:
En el centro del despacho, detrás de un escritorio enorme, estaba él: el Diablo. No necesitó levantarse para que la tensión en la sala se volviera un corte. Su presencia llenaba todo; la calma era solo una máscara que prometía un trazo violento en cualquier momento.
Eros abrió la puerta con paso firme y, sin ceremonia, empujó a Mateo adentro. El chico entró con la mandíbula hinchada, los ojos irritados, la ropa desordenada; parecía más pequeño que nunca bajo la