Alana:
La noche se estiraba delante de mí como un abismo sin fondo y por mas cansada que estaba, no podía dormir, mi mente no dejaba de trabajar, estaba llena de pensamientos y posibilidades. Sabía que tenía que tomar una decisión, pero no sabía cuál era la correcta, o mejor dicho la menos dolorosa.
Si rechazaba a los alfas, los cuatro moriríamos, esa era la puta realidad, pero si los aceptaba, tendría que hacer borrón y cuenta nueva, olvidar todo el dolor y la humillación que me habían causado