Dante se encontraba en su suite de hotel en Londres, mirando por la ventana hacia la ciudad que lo encandilaba con sus luces desde el céntrico lugar en el que estaba. Había pasado un día agotador y estaba ansioso por hablar con Adriana, su esposa. Tomó el teléfono y marcó su número, esperando escuchar su voz al otro lado. Adriana contestó después de unos segundos de silencio, y Dante notó inmediatamente algo extraño en su tono de voz. —¿Adriana? ¿Estás bien?— preguntó preocupado. Ella dudó ante