Dante despertó casi sintiendo la inquietud de su esposa, abrió los ojos ligeramente, aún era temprano en la mañana. La abrazó por detrás, Adriana estaba sudada. —¿Qué sucede, amore mio? — preguntó con preocupación. — N… nada…— murmuró, aunque aún estaba nerviosa por lo que había estado soñando y también se sentía un poco culpable por ocultarle a Dante lo que estaba sucediendo con esa chica. Ya que no había secretos entre ellos de ningún tipo, bueno al menos hasta ese momento. Su relación, de al