Capítulo 15. Sin remedio
A la mañana siguiente estaban sentados a la mesa cuando Rachel soltó un gemido ahogado y se llevó la mano al pecho. Su rostro palideció de golpe.
—Rachel… —Lionel se levantó de inmediato.
Ella intentó sonreír, pero el dolor era evidente.
—Solo… un mareo fuerte —murmuró—. Me duele mucho la cabeza.
Viola, que estaba frente a ella, se levantó rápidamente y la sostuvo del brazo.
—Mamá, ¿estás bien?
Rachel intentó ponerse de pie, pero sus piernas fallaron. Lionel la tomó en brazos justo antes de que