Ese último tiempo Adriana había estado como más dulcificada. Seguían teniendo sexo, por supuesto. Pero en ocasiones bajaba con comida, pizza, pollo frito, helado o lo que fuera y le daba de comer en la boca. Luego veían alguna película. A veces ella empezaba a tocarle el pene y ante su negativa (y mucho esfuerzo mental para que no se le parase) lo inyectaba con el afrodisíaco ese y tenía sexo con él. Pero mucho más pausado, con menos frenesí. Le daba besos dulces en la cara, en el pecho. Él no