Despierto con la cabeza dándome vueltas, unas náuseas horribles y un terrible dolor de estómago. Me miro al espejo y me espanto ante mi imagen pálida y desaliñada. Los contornos de mis ojos están azules, mi piel blanca como un papel, mis labios resecos y sin color, a eso se le suma mi cabello, cuyo aspecto se me parece a un nido de pajaritos.
¡Estoy horrible!
Luzco como si padeciera una enfermedad terminal o algo así. Tras darme un baño y hacer que mi cabello dorado luzca decente, corro a la co