Un mal chiste de la diosa.
Después de recorrer los perímetros asesorándose que la barrera que protege el área en que está la manada está mágicamente fortalecida, Eros se paró en la dirección que ya conoce, sus patas se clavaron firmes en la tierra y miro el cielo nublado, podía oler que pronto llovería, pero eso no le impidió correr a través del bosque.
★Eros, aún está demasiado claro, podría verte algún humano★, le advirtió Isaías y el lobo gruñó en respuesta.
★¿Quieres verla?, yo también, humano★. Bramó el lobo sin dej