Ingenua si, sumisa no.
Zoe fue consciente de que Isaías la había invitado a bailar cuando vió la delicada mano de Isaías frente a ella y respiró profundo mirando a sus progenitores que esperaban lo mejor de ella, y su madre solo movía la cabeza de arriba abajo.
«Se está aprovechando», bufó irritada.
En silencio y no muy convencida Zoe aceptó, aunque le temblaban las piernas siguió obediente, pero antes de que llegaran a la pista de baile, se detuvo y él giró ligeramente el rostro para verla.
—¿Tienes miedo, caperucit