La presa del lobo.
—Eres mi presa, ¿sabes lo que significa eso?, de seguro no tienes idea—le dijo en un cálido y grave murmullo cerca de su oído y ella sintió el vuelco que le dio su corazón que late desenfrenado.
«¡Maldición! Me siento tan contrariado, sé que lo mío es ganas de follármela y eso no me deja pensar con claridad», peleó solo muy a pesar de estar enfocado en besarla, mientras que Zoe le daba pequeños empujones por el pecho.
—Escúchame bien degenerado con aire de superioridad; nunca me acostaría con u