Amiga aprovechada.
Zoe bajó la mano y relajó la boca percatándose en ese momento de la mordida que se hizo a sí misma y levantó la mirada al espejo, se tocó el labio inferior con las yemas de los dedos y sin apartar la mirada volvió a refunfuñar.
—No puedo seguir de este modo, debo ponerle un alto a ese hombre, ¡¿quién se piensa para amenazarme?!— murmuró muy enfadada, ya que cada vez que recuerda la manera en la que Isaías la amenazaba la llena de cólera, es ingenua, no tonta y aunque Luisana le aseguro que ese