Elizabeth se colocó el antifaz; a pesar de cubrirse la mitad del rostro, era imposible ocultar su belleza. Antes de bajar, recordó con nostalgia el hermoso día que había compartido con su esposo. Sin embargo, una sensación de vacío le invadía: quizá añoraba aquellos años en los que lo celebraba junto a un reducido grupo—su familia, Lucía y Pablo, de quien, a pesar de haberse distanciado por respeto a Federico, aún ocupaba un lugar especial en su corazón y lo extrañaba inmensamente.
Cada año, el