Habían pasado varios días y ellos los disfrutaron cuanto pudieron; iban a cabalgar, miraban películas, paseando por la ciudad. Pero más que nada él se había dedicado a darle todo el placer posible a Elizabeth.
Esa mañana, mientras Lizzy se duchaba, él se metió con ella y comenzó a besarla hasta que la joven se excitó. Le acarició la entrepierna hasta que notó humedecida, la puso contra la pared y mientras besaba su cuello, introdujo con suavidad, sus dedos en la vagina. Elizabeth trataba de agua