Elizabeth llamó a Lucía. Últimamente se había apegado aún más a su amiga. A veces, incluso, extrañaba hablar con Pablo: él siempre supo cómo contenerla. Pero después de todo lo que le había dicho, no quería volver a buscarlo.
—Lucía, mañana voy al médico. ¿Puedes acompañarme? —preguntó con un tono cansado.
Como siempre, Lucía la reprendió.
—¡Te acuerdas de ir un mes después, cuando ya estás en piel y huesos!… Pero sí, claro que iré contigo. Enviame la dirección y el horario.
Elizabeth sonrió. Lu