Mientras la gente charlaba animadamente, el aire entre los novios, a pesar de las sonrisas, estaba enrarecido.
Federico la miraba escudriñándola, tratando de percibir qué le ocultaba. Era un hombre hábil para los negocios y, si de algo podía jactarse, era de su gran perspicacia para lograr lo que quería averiguar.
Si bien con Elizabeth había bajado la guardia, sabía que tratándose de Pablo Mendoza no podía hacerlo. Muy a su pesar, poniéndose en el lugar del otro y amando a Lizzy como la amaba, t