Él creía que, una vez más, su carácter introspectivo lo podría traicionar. Pero recordó que, a la hora de negociar, no le temblaba el pulso. Así que usó eso a su favor.
Todos los presentes los miraban, como esperando algo emocionante. Después de todo, no pasaban muchas cosas en ese pueblo.
Federico reunió valor y trató de ser elocuente.
—He luchado en vano... me ha sido inútil. No puedo ahogar mis sentimientos. Espero que usted me permita decirle de qué manera apasionada la admiro y la amo.
No