Federico llegó antes del amanecer a la mansión. El silencio era sepulcral. El ama de llaves aún no se había levantado y el personal de servicio regresaría recién por la tarde. Miró a su alrededor: la quietud lo incomodaba.
Subió rápidamente a su habitación. Abrió la puerta con brusquedad. El sol apenas asomaba por el horizonte, y la escasa luz dibujaba la silueta de la cama… vacía.
Un escalofrío le recorrió la espalda.
Encendió la luz de inmediato. Todo estaba impecablemente ordenado y limpio. C