Cuando llegó la hora del brindis y el intercambio de regalos, Esteban apartó un poco a su prima, llevándola a un rincón más alejado de la casa.
—Liz, debo pedirte un favor —susurró.
—¡Oh, claro! ¿Qué necesitas? —respondió ella, atenta.
Esteban echó un vistazo hacia donde Laura quien charlaba animadamente con Alfonso y Victoria, asegurándose de que no los viera.
—Necesito que nos lleves a la parte de la playa donde la iluminación sea perfecta, según tu parecer... Sé que eres experta en eso —sonri