Federico se sentía inquieto y tenso. Necesitaba mantener la sangre fría para llevar a cabo el plan que el detective había ideado.
—La policía ya está alertada —le dijo el agente, mientras los técnicos le colocaban el micrófono—. Necesitamos que, de alguna manera, ella confiese la verdad. Después, nosotros nos encargaremos del resto.
—Está bien, no se preocupe. Haré todo lo que esté a mi alcance para que esa mujer pague por lo que hizo —respondió Federico con el odio marcado en la voz—. La matarí