Federico ya había trazado un plan, y con la determinación que lo caracterizaba, sentía que el cielo era su único límite.
Su esposa estaba viva, y esa sola certeza le daba esperanza para cumplir su propósito: volver a enamorarla y traerla de regreso a su hogar.
Esa mañana, bien temprano, se comunicó con Víctor.
—Quiero saber cómo va la obra que encargué al arquitecto. Necesito un informe detallado sobre los avances —dijo con un tono firme y autoritario.
Víctor tragó saliva. La sola presencia de