Los dos días en los que se suponía Pablo estaría con ella, se transformaron en varios más.
Las incesantes lluvias hacían casi imposible salir del lugar. El puente seguía anegado y el río, embravecido, parecía negarse a ceder.
Pablo no podía creer lo que le estaba sucediendo.
Elizabeth lo recordaba… y su relación había vuelto a ser como antes.
Pasaban horas conversando, riendo, bromeando.
¡Eran tan similares!
Pero esa cercanía que tanta satisfacción le estaba dando a la vez, lo estaba volvien