Federico abrió los ojos y lo primero que hizo fue buscar a Lizzy. Ella ya no estaba en la cama.
Miró la hora: eran las 10 a.m.
¿Cómo era posible que no hubiese escuchado la alarma? Aunque estaba en Charleston, solía levantarse temprano y trabajar desde su despacho durante casi todo el día.
Se incorporó, se vistió rápidamente y comenzó a buscarla por la casa. Todo estaba en silencio.
—¿Elizabeth? ¿Dónde estás? —la llamó, recorriendo cada rincón—. ¿Héctor? ¿Dónde están todos?
Frunció el ceño. ¿Se