Capítulo 115 ¡Es mi hija!
Federico la abrazó con fuerza, como queriendo sostener el frágil cuerpo de su esposa. Respiró hondo antes de hablar.

— Pequeña… Alfonso está muy enfermo. Los médicos hicieron todo lo posible, pero… ya es demasiado tarde —la voz se le quebró; una angustia profunda se había instalado en su pecho.

Elizabeth rompió en llanto, un llanto crudo, incontenible.

—¿Estás diciendo que va a morir?

Federico asintió con lágrimas en los ojos. Había aprendido a querer a Alfonso. En sus charlas a solas, el hombre
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