Apenas el médico dirigió el transductor, su expresión cambió: parecía preocupado. No lograba detectar al bebé.
Los padres miraban el monitor con ansiedad extrema. Lizzy apretaba con fuerza la mano de Federico, temblando de miedo. Él también estaba asustado, pero intentaba transmitirle tranquilidad.
—Todo estará bien... no temas —susurró.
Después de unos minutos, Martín sonrió.
— ¡Aquí estás, pequeño travieso! —exclamó, aliviado—. Miren, mamá y papá... aquí está —dijo, señalando la pantalla—. Y p