Bajo las yemas de sus dedos, sentía el pulso de su cuello latiendo, y su piel suave.
Conteniendo la furia en su interior, en un instante, reprimió toda su contención y paciencia, diciendo:
—¿Que no serví nada? Laura, ¿por qué no lo intentamos de nuevo?
Su acercamiento intencional era provocativo, seductor, pero cargado de frialdad.
Ella retrocedió, enfrentando su mirada opresiva.
—Suéltame. ¡Qué descortés eres!
—¿Ahora tienes miedo?
Su mano en su cuello se aflojó por un momento, acarician