La noche se hizo infinita para la pareja que esperaba noticias en la sala de espera. Sandro permanecía en silencio, tenso y casi sin moverse. En su rostro se reflejaba la angustia que lo consumía. Romma permaneció callada a su lado, sin obligarlo a mantener una conversación. Era inútil repetirle que no era su culpa, principalmente porque ella misma sentía que ambos eran responsables de lo que estaba pasando, pero nada iba a conseguir con aumentar la tristeza de Sandro.
Al llegar la mañana, poco