Aquella voz en el teléfono le causó a Sandro una sensación extraña y le removió recuerdos que había sepultado dentro de sí. Intentó mantener la ecuanimidad mientras respondía al cariñoso saludo de la mujer.
—¿Realmente eres tú, Elisa?
—“Por supuesto, Alessandro, claro que soy yo, no te sorprendas tanto, que tampoco es que soy una extraterrestre”
—Disculpa, me sorprende mucho tu llamada.
—“Imaginé que así sería, pero voy a estar en el país unos días y me gustaría verte”.
—Por supuesto, me encan