30. Verdades al aire
–Quería bailar con él y pasarla bien.
Nicolás se relajó, le dio un toquecito en la nariz y se enderezo.
Fue mi turno para que me diera un abrazo. La apreté con fuerza.
–Te amo, pequeña.
–Yo también, mami.
¿Podía existir mejores palabras que esas? No lo creía en absoluto. Los altavoces anunciaron que la cena seria servida, así que nos dirigimos a la mesa delantera, la más grande. Nuestros nombres estaban juntos, con Gaia a mi lado y Nicolás al otro. Vi que el nombre de mi padre estaba delan