Tras al menos dos horas de navegar en la oscuridad, mis labios estaban tan hinchados de pasarme aquellas horas dándome besos hambrientos con Nicolás como un par de adolescentes llenos de hormonas. Me estire bajo la manta que habíamos encontrado en algún lugar del yate y me aferre a la cintura de Nicolás.
No estábamos desnudos, pero nuestras manos habían tocado cada parte de nuestros cuerpos, venerándolo.
Sentí la mano de Nicolás rodear mi pecho y la otra magrearme la nalga de forma que nuestro