28. Brasas y humo
–El encargado de dejarlas como un par de Diosas, bellísima. –Su acento italiano resaltaba claramente por encima de su inglés–. ¿Dónde está su habitación? ¡No tenemos tiempo!

–Justo arriba. –Contesto Gaia en un italiano fluido.

–¡Bellísima!

El tipo dio palmadas en el aire, sorprendido y deleitado. Gaia me choco los cinco. A sus ocho años mi padre le había enseñado tres idiomas ya.

Agarradas de la mano subimos hasta una de las habitaciones de invitados donde el tipo que descubrí se llamaba Uli
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