27. Un deseo a papá
Aterrizamos en Londres antes del mediodía. El clima frezco, comúnmente nos recibió, golpeándome con la notable diferencia del clima siempre cálido de la costa colombiana.
Baje la escalerilla cubriéndome lo ojos con unas gafas de sol para ocultar mis ojos hinchados y grandes ojeras por pasarme la noche llorando por un recuerdo que se mezclaba con el presente.
En el asfalto había un carro negro que no logre reconocer ya que no había alquilado ningún vehículo y mi padre nunca me recogía o mandaba