14. Deseos prohibidos
Me agarre el con más fuerza, sintiendo como el pánico me helaba la sangre. Apreté mis manos sobre su cuello, hincándole las uñas. Mi cabeza permaneció en el hueco entre su mandíbula y el cuello.
-¿Que ha sido eso?
Mi cuerpo esperaba cualquier cosa, una sacudida o un grito atroz de uno de nosotros. No obstante, nada llego, solo la voz de Nicolás y sus manos acariciándome la espalda de arriba abajo
-Mírame.
-No puedo.
-Hazlo.
Me molestaban sus órdenes, siempre. Me hacen sentir como un perro,