Me abrió la puerta y en cuanto estuve dentro cerró y fue a su sitio, los cristales eran totalmente obscuros y sabía que no nos miraban, apenas puso los seguros y su boca se lanzó a mis tetas.
—¡Por Dios, Amanda! Deja de usar pantalones, me complicas todo.
—Y tú deja de decir que quiero una cogidita suave porque no es así.
Se detuvo en seco y me miró fijamente esperando una explicación.
—¡Maldita sea, Julián! Que sí me gusta y lo disfruto, pero necesito que seas salvaje, rudo, necesito que me po