Aiden
Cuando logré llegar a la mesa principal después de esquivar balas, golpes y fuego, Di ya no estaba. A quien sí hallé fue a su padre; el señor Macías estaba tan pálido como la maldita nieve, pero al revisar el pulso lo sentí apenas, fue suficiente para traerlo conmigo. Me quitaron a Di, seguramente la policía o los otros se la llevaron, pero iré por ella. Tarde o temprano voy a rescatarla. Más vale que sea temprano que tarde.
—¡Señor Macías! —grita la doctora una y otra vez—. ¿Me escucha?