—Hola, Di —saluda mi padre mientras cuelga su saco, se ve feliz—. Hoy fuimos a ver un par de salones para la boda, queremos que sea algo sencillo, pero vendrá gente de muchas partes, mis socios y clientes. Puedes invitar amigos, si quieres.
¿Es neta, papá? No tengo un jodido amigo. Aparte, una boda en Sores es aburrida, podría bien casarse en París, Cancún, Cartagena, Londres, no sé. Sospecho que esto tiene que ver con la estúpida de Valentina.
—Ya, espero que sea verdaderamente sencillo, en es