Capítulo 8: Una línea, dos destinos
El amanecer no trajo luz. Solo nubes. Un manto gris cubría el cielo, denso y silente, como si el universo entero presintiera lo que estaba por suceder. Había tormenta en el aire. Y no solo en el clima.
Alejandra abrió los ojos antes de que el sonido de la alarma irrumpiera en la habitación. No la necesitaba. No había dormido más de un par de horas seguidas. Su cuerpo estaba quieto, pero su mente llevaba horas deslizándose entre pensamientos y temores. Sus pup