El reloj marcaba las 5:00 a.m. Axel estaba listo, llevaba despierto desde las 4:30 a.m. preparando la mochila que hoy cargaría: dos botellas medianas de agua, unos sándwiches de jamón y queso en un táper, y dos botellas de jugo natural.
Se detuvo frente a la puerta de Miriam y tocó suavemente. Al no obtener respuesta, empujó la puerta y entró. La vio dormida, profundamente sumergida en sus sueños, con el rostro sereno y el cabello rojizo desparramado sobre la almohada. Una sonrisa se dibujó en