El sol de Milán se filtraba tímidamente entre las persianas de la mansión Vescari, iluminando los salones con una luz cálida que no lograba disipar la tensión que colgaba en el aire. Alessandro entró en el gran salón donde se realizaría la prueba de la comida gourmet para su boda. Aquel salón, adornado con cortinas de terciopelo azul profundo y candelabros de cristal que lanzaban destellos por todas partes, estaba dispuesto con mesas de mármol que sostenían pequeñas obras de arte culinarias: ap