CAPÍTULO 27.
Capítulo 27
El aire de la ciudad se sentía pesado, cargado con la humedad de una tormenta que se negaba a marchar. Sofía observaba el paisaje desde la ventana del vehículo de Miguel, sintiendo que cada kilómetro que la alejaba de la clínica la acercaba a una boca de lobo de la que no sabía si podría salir ilesa.
A su lado, Miguel mantenía una mano posesiva entrelazada con la suya, su mirada fija en el frente, tensa.
—No tienes que estar tan rígido, Miguel —susurró ella, rompiendo el silencio—.