CAPÍTULO 26.
Capítulo 26
El rugido del motor del vehículo era lo único que lograba acallar el estruendo de los pensamientos de Miguel. El coche se detuvo frente a la entrada de la clínica Santa María con un chirrido de neumáticos que resonó en toda la cuadra.
Antes de que el coche terminara de frenar por completo, Miguel ya había abierto la puerta. Bajó con un arma oculta bajo la chaqueta y una furia recorriéndole las venas.
—¡Guzmán, asegura el perímetro! —gritó sin mirar atrás—. ¡Nadie entra, nadie sale