CAPÍTULO 105.

Capítulo 105

El rugido del motor de su coche retumbó en las paredes de concreto del estacionamiento subterráneo como el grito de una bestia herida. Miguel no esperó a que la puerta automática terminara de abrirse por completo; aceleró, haciendo que los neumáticos chillaran contra el suelo pulido, dejando una estela de humo blanco y olor a caucho quemado.

En cuanto las ruedas tocaron el asfalto de la calle, lo vio. Por el espejo retrovisor, las dos camionetas negras que habían estado montando gu
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