CAPÍTULO 106.
Capítulo 106
Miguel apretó la lámpara de bronce hasta que sus nudillos perdieron el color. Su respiración, pesada y entrecortada, era lo único que llenaba el espacio entre la puerta que aún vibraba con los golpes del otro extremo y el rincón donde Sofía protegía a su hijo con su propio cuerpo.
Esperaba el próximo golpe, el estruendo de la madera astillándose o el grito que anticiparía la pelea contra los hombres que lo habían perseguido por toda la ciudad. Tenía los sentidos tan alerta que sent