—Marcus Lowen —dijo Clara—. Así se llama el guardia nuevo. Por qué, lo conoces.
Mara sintió que el teléfono casi se le cae de la mano.
—Vamos para allá —dijo, y colgó antes de que Clara pudiera preguntar nada más.
Dominic ya tenía las llaves en la mano. —Es él.
—Es él —dijo Mara.
Subieron al coche sin decir nada más. No hacía falta. Dominic condujo más rápido de lo que Mara lo había visto conducir nunca, las manos firmes en el volante, la mandíbula apretada, y ella se aferró a la puerta y miró l